
En Uruguay la humedad es parte de la vida. La sentimos en los placares que huelen a guardado, en los vidrios empañados del invierno, en la ropa que tarda un día más en secarse. Y cuando hablamos de acolchados, frazadas y ropa de cama, la humedad importa más de lo que parece.
Según el Inumet, la humedad relativa en Montevideo se mantiene entre el 67% y el 82% a lo largo del año, con picos nocturnos que pueden superar el 90%. Esa humedad nocturna es la que se mete en los roperos cerrados, en los altillos y en los placares pegados a paredes externas — justamente los lugares donde guardamos los acolchados.
Por eso preparamos esta guía: para ayudarte a cuidar tus textiles después del lavado y que duren impecables hasta la próxima temporada.
Un acolchado recién lavado profesionalmente está seco al tacto y por dentro: pasó por un proceso de lavado y secado a temperatura controlada. Pero una vez que llega a tu casa, queda expuesto al ambiente, y ahí empieza otra etapa.
Los rellenos densos —plumas, guata gruesa, vellón siliconado— absorben humedad del aire muy lentamente, sobre todo si quedan en espacios cerrados y sin ventilación. No es que el acolchado venga húmedo: es que el aire del placard, con el paso de los días o semanas, va depositando humedad en las fibras.
Esto pasa especialmente en roperos contra paredes externas, altillos sin ventilación o placares que casi no se abren. En invierno, además, la diferencia de temperatura entre la pared fría y el interior de la casa puede generar condensación: algo parecido a lo que pasa cuando se empañan los vidrios.
Esta es una recomendación importante sobre el cuidado posterior de tus acolchados, y vale la pena leerla con atención.
Las bolsas plásticas transparentes en las que llegan los acolchados a casa cumplen una función específica: protegerlos durante el transporte.
La bolsa plástica transparente con la que te entregamos cumple esa función necesaria: protege tus prendas recién lavadas durante el reparto, las cuida de la lluvia, del polvo y la suciedad, y te permite verificar que tu pedido llegó en perfectas condiciones, tal como salió del local.
Lo mismo vale para las bolsas plásticas originales con las que vienen los acolchados cuando los comprás (esas transparentes con cierre, que muchos guardan y reutilizan): cumplen bien su función para la venta y el transporte.
Pero estas bolsas no están pensadas para almacenamiento prolongado.¿Por qué? Porque el plástico no es transpirable. Si dejás el acolchado adentro durante semanas o meses, el aire que quedó atrapado se va saturando de humedad y no tiene por dónde salir. Resultado: olor a guardado, sensación húmeda al tacto, y en casos extremos, manchas grisáceas o amarillentas que después son muy difíciles de quitar.
La regla simple: la bolsa plástica es para el viaje. Para guardar, conviene usar una funda transpirable.
1. Aireá antes de guardar. Cuando el acolchado llegue a casa, sacalo de la bolsa y dejalo unas 2 o 3 horas extendido en un lugar ventilado. Sobre una cama, una silla o en una habitación con la ventana abierta. Eso ayuda a que el textil tome la temperatura ambiente y se aclimate antes de quedar guardado.
2. Elegí un lugar seco y ventilado. Evitá los roperos pegados a paredes externas, los altillos cerrados y los placares cerca de baños. Si no tenés otra opción, abrí las puertas del ropero una vez por semana durante un rato, idealmente en un día seco.
3. Usá fundas transpirables. Si querés proteger el acolchado del polvo, usá una funda de tela (algodón o tnt) o una bolsa específica para acolchados que sea de material transpirable. Lo importante es que el textil pueda respirar. Si tu única opción son bolsas plásticas (por temas de espacio), dejá la boca abierta o hacé varias perforaciones para que circule el aire.
4. Sumá un antihumedad. Son baratos, efectivos y los conseguís en cualquier supermercado o ferretería. Tenés varias opciones:
5. No apiles peso sobre los acolchados. Si los guardás debajo de otras cosas, el relleno se aplasta y pierde volumen y abrigo. Idealmente, guardalos arriba de todo o solos en un estante.
Cuando termina el invierno y guardás los acolchados hasta el año siguiente, vale la pena dedicarles unos minutos más:
Hay algunas señales bastante claras de que algo no está bien:
Si llegás a este punto, lo mejor es no usarlo directamente sobre la cama y volver a lavarlo profesionalmente. Cuando el moho ya se asentó, el lavado casero no alcanza.
Cuando recibas tus prendas, te pedimos que revises el pedido dentro de las 24 horas siguientes a la entrega.
Si notás humedad, olor, manchas, una prenda que no corresponde o cualquier diferencia con tu pedido, escribinos enseguida por WhatsApp al 093 381 414. Si podés, mandanos fotos para que podamos evaluar mejor la situación y ayudarte.
Después de las primeras 24 horas, ya empiezan a influir factores que dependen del ambiente de tu casa: cómo se guardó el acolchado, si quedó dentro de una bolsa cerrada, si el placard tenía humedad o poca ventilación. Por eso es tan importante revisar a tiempo, sacar el acolchado de la bolsa de transporte y guardarlo siguiendo estos pasos.
En Uruguay convivimos con la humedad, especialmente en invierno y en zonas cercanas a la costa. Pero con algunos cuidados simples —sacar los acolchados de la bolsa al recibirlos, airearlos antes de guardarlos, usar fundas transpirables y sumar un antihumedad— tus acolchados, frazadas y blancos pueden mantenerse limpios, secos y en buen estado por mucho más tiempo.
Y si llegás a notar algo que ya no podés solucionar en casa, estamos a las órdenes para volver a dejártelo como nuevo.